Fuente: www.cristiandad.org
¿Por qué la Iglesia consagró el sábado al culto de Nuestra Señora? Desde el principio de los tiempos, la Santa Madre del Creador ha sido amada y venerada al modo que Cristo deseó para Ella. A lo largo de su historia, la Esposa del Señor buscó formas de honrarla y servirla adecuadamente. Conozca, pues, el origen de esta costumbre instituida por el Papa Beato Urbano Segundo...
El Papa Beato Urbano Segundo, habiendo huido a Francia por causa del emperador Enrique Tercero, que le perseguía, celebró Concilio en Claramonte, y ordenando diversas cosas para la gobernación del clero, mandó que se rezase cada día el Oficio de Nuestra Señora, y los sábados, si no hubiese Doble o Semidoble, fuese rezado el de Ella. Fue el primer Pontífice que concedió Cruzada contra infieles. Lo dice San Antonio de Florencia en su Segunda Parte Historial.
¿Por qué se dio el día del sábado a la Virgen? Hay algunas razones y congruencias. Una es porque el día que padeció algún santo suele celebrarse su fiesta, y la Virgen, si padeció martirio, fue el Viernes y el Sábado Santo. El Viernes fue dedicado al martirio del Hijo, y vino bien que el Sábado siguiente se dedicase al martirio de la Madre.
Es otra razón que, así como en el día del sábado cesó Dios las obras de la Creación y descansó, en ninguna alma descansó así el Espíritu Santo, como en la de Cristo y en la de su Soberana Madre. En las otras almas hubo alguna repugnancia, a lo menos de Pecado Original, y algún venial, mas en la de Cristo y en la de la Virgen no hubo tal repugnancia, pues ni hubo pecado venial ni Original.
Es la tercera razón que Dios bendijo el día del Sábado; así la bienaventurada Virgen María fue bendita por las tres Personas: el Padre la bendijo escogiéndola por Hija, el Hijo la bendijo escogiéndola por madre y el Espíritu Santo la bendijo escogiéndola por esposa. El ángel la bendijo cuando la saludó, y todo el mundo la bendice, porque la reverencia y loa.
La quinta razón es porque el Sábado es medio entre el día del gozo, que es el Domingo, y el día penoso, que es el Viernes; así la Virgen es medianera entre Dios y los hombres.
Significa que Dios es uno solo, pero que en Dios hay Tres Personas, distintas entre sí, que tampoco se reparten la única divinidad, sino que cada uno de ellas es enteramente Dios (cf. CIC 253-254).
Se trata del misterio de la Santísima Trinidad, misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de un solo Dios en tres Personas, misterio imposible de entender y de captar cabalmente, menos aún de explicar, pues se trata de la esencia misma de Dios. Y ésta es una verdad que sobrepasa infinitamente las capacidades intelectuales del ser humano.
Cuéntase que mientras San Agustín se encontraba en la playa preparándose para dar una enseñanza sobre el misterio de la Santísima Trinidad, vio a un niño tratando de vaciar el agua del mar en un hoyito que había hecho en la arena. Al preguntarle San Agustín qué estaba haciendo, el niño le respondió que estaba tratando de vaciar el mar en el hoyito, a lo que le contestó el Santo: “Pero, ¡estás tratando de hacer una cosa imposible!” Y el Niño le replicó: “No más imposible de lo que es para ti entender o explicar el misterio de la Santísima Trinidad”. Y con estas palabras el Niño desapareció.
Así es nuestro intelecto: tan limitado como es el hoyito para contener el agua del mar, sobre todo cuando trata de explicarse verdades infinitas como el misterio Trinitario.
Es por ello que el misterio de la Santísima Trinidad no puede ser conocido a menos de que Dios nos lo dé a conocer. Y Dios nos lo ha dado a conocer al revelarse como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo: Tres Personas distintas, pero un mismo Dios.
Sin embargo, lo importante de este misterio central de nuestra fe no es explicarlo, sino vivirlo. Y aquí en la tierra somos llamados a participar de la vida de Dios Trinitario (Dios Uno y Trino) de una manera velada, incompleta, pero en el Cielo podremos vivirlo a plenitud, porque veremos a Dios tal cual es.
Aunque las Tres Divinas Personas son inseparables en su ser y en su obrar, al Padre se le atribuye la Creación, al Hijo la Redención y al Espíritu Santo la Santificación. Es así como el Espíritu Santo en su obra de santificación en cada uno de nosotros, nos va haciendo cada vez más semejantes al Hijo, y el Hijo nos va revelando al Padre y nos va llevando a El. “Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquéllos a quienes el Hijo se los quiera dar a conocer” (Mt. 11, 27).
¿Cómo llegó la Sábana Santa desde la Palestina de Jesús a manos de la Santa Sede?
Posted by Cristhian
El primer dato referido a la Sábana, aparte de la cita de los cuatro Evangelios, lo encontramos en varias fuentes apócrifas cristianas, como el "Evangelio según los Hebreos", el "Evangelio de los Doce Apóstoles" y las "Actas de Pilato". En estos textos, más que la precisión histórica, nos interesa el hecho de que ya en la primera comunidad cristiana se diese una especial veneración a los lienzos sepulcrales de Jesús.
Existen por otra parte, multitud de lagunas en la historia de la Sábana y se han formulado las más diversas teorías sobre el itinerario que siguió el Sudario, desde su salida de Palestina hasta la posterior llegada a Occidente.
Vamos a sintetizarlas en dos hipótesis, basadas en documentos distintos; sólo a partir del siglo X tenemos ya una cierta seguridad sobre la trayectoria seguida por la Sábana.
Una primera teoría supone que el Sudario fue trasladado poco después de la resurrección del Señor a Edesa, hoy Urfa, en la actual Turquía central. En San Petersburgo se descubrió en 1878 un manuscrito siriaco del siglo VI íntegramente conservado, que era copia de otro texto más antiguo, de los archivos reales de Edesa. Narra una antigua historia sobre el rey Abgar IV (9-46 d.C.), el cual oyó hablar sobre el Profeta de Jerusalén y quiso ofrecerle asilo, para protegerlo de los judíos, en su ciudad. Le envió un embajador; pero al llegar éste a Palestina se encontró con que ya había muerto. Regresó entonces con la efigie del Profeta extraña y milagrosamente estampada sobre un lienzo de lino. El rey Abgar, leproso y muy enfermo, se curó al contacto con ella. Es importante destacar que en Edesa se fundó la primera Iglesia reconocida oficialmente por un Estado en el mundo (170 d.C.).
Sin embargo no se tiene noticia alguna de los cinco primeros siglos de permanencia del Sudario en Edesa, después de la legendaria historia del rey Abgar. Ante esta laguna surge una leyenda que sostiene que el sucesor de éste, Abgar V, inició una persecución contra los cristianos de Edesa, cuyo obispo ocultó la imagen en un nicho de la muralla. Esto ocurría el año 57; la imagen fue completamente olvidada. El año 544 los persas de Cosroes I sitiaron la ciudad y fue entonces cuando se encontró milagrosamente el Lienzo en la muralla. tras el hallazgo, fueron destruidas las máquinas de guerras persas y los sitiadores derrotados, atribuyéndose al Lienzo la victoria.
Volviendo a Palestina, es interesante señalar que una monja de la Hispania romana, Etheria, llegó a Jerusalén el 28 de marzo del 381, residiendo en Tierra Santa más de tres años. Nos ha dejado interesantes anotaciones históricas y litúrgicas sobre su estancia, entre las que no aparece ninguna referencia al Sudario, a pesar de haber vivido tres Semanas Santas en Jerusalén. Más aún; en ese mismo viaje visitó también Edesa, lo cual sería absurdo si en esa ciudad no se hallase un objeto de veneración muy particular. Etheria afirma además que penetró en Edesa por la puerta por la que el Sudario había entrado en la ciudad.
El año 944 se trasladó el Sudario a Constantinopla, al ser conquistada Edesa. Nos consta que durante el asedio de esta ciudad, el emperador de Bizancio, Romano I Lecapene (920-944), reclamó la Sábana y los edesanos trataron de engañarlo con copias, "pero el Lienzo resultaba inimitable". A favor de esta hipótesis existe una miniatura de Skylitres (1081-1118) en la Biblioteca Nacional de Madrid, que reproduce la escena del emperador Lecapene besando la Sábana, extendida y con las dimensiones reales, al llegar ésta de Edesa a Constantinopla donde entró el 16 de agosto del 944. La llegada del Lienzo a esta ciudad en esta fecha viene respaldada por antiquísimos documentos que relatan el hecho; existen textos litúrgicos que narran como desde entonces se celebró cada año una solemnísima fiesta en ese día. Los bizantinos construyeron una Capilla, Santa María de Blanquerna, para custodiarla y venerarla.
Los Santos Padres también nos hablan del Sudario, entre ellos San Juan Damasceno. Existen multitud de escritos al respecto; como la carta escrita por San Braulio, arzobispo de Zaragoza, al abad Taio, refiriéndose al Lienzo.
Una segunda hipótesis supone que la Sábana permaneció en Palestina casi mil años, hasta su traslado a Constantinopla.
Los testimonios de la presencia de la Síndone en Jerusalén, durante los primeros 4 siglos son solamente indirectos, pues al tratarse de un objeto comprometido y al no gozar de plena libertad la Iglesia en el Medio Oriente, suponía exponerla a la destrucción, ya que se estaban vulnerando preceptos religiosos (impureza legal), teológicos (naturaleza humana real o sólo aparente de Jesús) y jurídicos (violación de un sepulcro).
Solamente encontramos referencias indirectas en escritos apócrifos. Las Acta Philipi hablan de la Sábana como un tejido de lino que presenta las características de los othoni, y añade un leve reproche de Anás y Caifás a José de Arimatea, por haber utilizado un lienzo "puro" con aquel condenado a muerte, vulnerando así la ley judaica.
Es posible, por otra parte, que la Sábana fuera alejada de Jerusalén con motivo de las rebeliones y guerras judías de los años 70 y 132, para evitar su destrucción, siendo trasladada a Pella. Además, ninguno de los peregrinos que visitaron Jerusalén antes del Edicto de Milán (313) dejaron constancia de haber visto el Lienzo con la Impronta acheiropoieta (no hecha por mano humana).
Carecemos prácticamente de datos sobre el Sudario hasta el siglo VI, en el que recuperamos la pista jebusea por medio de dos insospechadas fuentes de investigación: dos narraciones sobre la medición de la longitud de la impronta. En el 537 el emperador Justiniano I quiso conocer la altura de Cristo. Años después aparece una alusión mensurable de la Sábana misma en cuanto a su longitud, con la explícita referencia de que se trataba del lienzo más grande que llevaba impresa la imagen del Señor. Estas mediciones las llevó a cabo el obispo de Periguenz, Arcaulfo, peregrino en Jerusalén el año 670.
Del siglo IX tenemos noticia de que la custodiaban dos presbíteros y un diácono. En un elenco de reliquias de la Basílica constantiniana del Gólgota aparece también la Sindone, aunque tal relación está también atribuida por los historiadores al tesoro de Constantinopla. Es notable destacar que a inicios del siglo XI, bajo el funesto período de El Hakem, muchos objetos sagrados salieron de Jerusalén debido a la bárbara persecución que se originó. Los defensores de la tesis jebusea fechan entonces la salida de la Sábana a Constantinopla, lo cual es más que improbable, pues no se recoge tal afirmación en ningún documento conservado.
Ante esta contradicción entre ambas tesis, y como conclusión, parece prudente afirmar que la Sábana permaneció en Palestina durante algunos siglos, pues no se explica que los cristianos de Jerusalén regalasen un objeto tan precioso a un extraño, como lo era Abgar. Sostiene además el P. Manuel Solé, reputado sindonólogo, que posiblemente la escasez de datos en estos primeros siglos con referencia al Lienzo, se debe a que éste fue a parar en manos de una secta cristiana judaizante, los ebionitas, cuya mentalidad cabalgaba todavía entre el cristianismo y el judaísmo. Aunque veneraban la Sábana, seguía siendo ésta un lienzo mortuorio y por lo tanto impuro, por lo que la mantuvieron oculta en alguno de sus monasterios. Más tarde pasaría a los pagano-cristianos de Jerusalén (el obispo Arcaulfo, al que antes nos referimos, cuenta una ingenua historia de cómo ocurrió esto en el 667); de ellos llegó a Edesa. El cómo y el cuándo lo ignoramos, pero tal suposición viene confirmada por la palinología, como veremos más adelante. Una vez en Edesa, la Sábana pasa a Constantinopla.
A partir del siglo X, la presencia constantinopolitana de la Sábana es prácticamente segura. Los cruzados la veneraron en Constantinopla el año 1147, durante la 2ª Cruzada; así lo confirma Roberto de Clary, cronista de aquel periplo.
Hasta 1204, cada viernes era expuesta una Sábana en la iglesia de Santa Maria de Blanquerna en Constantinopla, la cual fue presentada en 1147 a la veneración del rey de Francia Ludovico VII y en 1171 a Aadamuri, rey de Jerusalén, por el emperador Manuel Comeno.
¿Cuándo y cómo salió de Constantinopla?
Otro problema radica en determinar cuándo y cómo salió la Síndone de Constantinopla. También nos encontramos en este punto con dos hipótesis.
La primera sostiene que en 1247 todavía parece casi segura su permanencia, pues Balduino II, rey de Constantinopla envió a su primo san Luis IX de Francia partem Sudarii quo involutum Corpus eius fuit in sepulchro. El mismo Luis IX envió un pedazo al monasterio Vilziakicense, y otro en 1248 a la iglesia de Toledo, como regalo a su primo san Fernando, rey de Castilla, con estas palabras: De Syndone qua Corpus ipsius sepultum, qui thesauro imperii contantinopolitani suscepi. La historia sindónica del imperio latino de Constantinopla se cierra según esta teoría, en 1261, cuando era regente un miembro de la familia De Toucy, emparentada con la familia real francesa. Un conde de Charny, Godofredo I, emparentado a su vez con la familia de Toucy, fue estandarte en la afortunada batalla de Esmirna y pocos años después (1353) aparece como el poseedor de la venerada reliquia, otorgada como don por una victoria (¿Esmirna?). Ciertamente nos resulta un poco extraño que un objeto tan preciado por los emperadores orientales fuese donado tan generosamente por un servicio prestado.
La otra hipótesis sobre la llegada a occidente del Sudario, se fecha en 1204, momento en el que se produce el saqueo de Constantinopla por los cruzados; esta teoría afirma que el jefe de la 4ª Cruzada, Otto de la Roche, la robó y la trajo a Occidente.
Esta teoría viene sostenida por una carta fechada el 1 de agosto de 1205, que el nieto del emperador Isaac II de Constantinopla, Teodoro Ángel, escribió al Papa Inocencio III, exigiendo su restitución.
Sea como sea, si la Sábana no hubiese llegado a Europa occidental habría resultado destruida en 1453, al ser conquistada y arrasada Constantinopla por los musulmanes.
En 1353, como antes afirmamos, consta ya con seguridad que la Sábana está en manos del duque Godofredo de Charny, en Lirey, el cual la dona como cumplimiento de un voto, el 20 de enero de 1353, al Capítulo de los canónigos de la Colegiata por él fundada en Troyes, después de ser liberado de los ingleses.
En 1452, con acta notarial, después de haber obtenido permiso con un Breve del Papa, la condesa Margarita la cedió a la duquesa Ana de luisagne esposa de Ludovico, duque de Saboya, a cambio del usufructo del castillo y tierras de Mirabel. En Marzo de este año la Sábana es trasladada a Chambery donde el duque de Saboya construyó una capilla, la cual sufrió en 1532 un extraño incendio en el que a punto estuvo de ser destruido el Lienzo, fundiéndose la urna de plata que lo contenía y dejando las ostensibles marcas que hoy nos muestra.
El 14 de septiembre de 1578 fiesta de la exaltación de la Cruz, conocido el voto de Carlos Borromeo, Arzobispo e Milán, de ir a pie a Chambery para dar gracias a Dios por librar a Milán de la peste, Enmanuel Filiberto envía la Sábana a Turín, para acortarle el viaje. Desde entonces el Lienzo permanece en Turín, donde Guarini edificó en 1694 la iglesia en la cual se conserva.
En 1983 el duque de Saboya Humberto II, heredero de la corona italiana, la regaló a la Santa Sede.
Siendo que en la cena del Señor se recuerda la muerte de Cristo, lo más apropiado es que el pan se coma ‘sin’ levadura. Muchas veces en la Biblia la levadura es tipo de pecado. Cuando en el Antiguo Pacto el pueblo de Israel en Egipto comía la cena de la Pascua (Éxodo 12:18) de lo cual la Santa Cena es su contraparte en el Nuevo Pacto, lo hacían con panes sin levadura. Por cierto, era un pecado grave participar de la cena con panes leudados. Por eso nosotros también debemos de comer la cena con panes sin levadura. No solamente la ‘levadura’ muestra la carencia de pecado que había en el cuerpo de Cristo (lo cual simboliza el pan de la Santa Cena) sino que también debemos nosotros presentarnos “sin levadura”, es decir ‘sin pecado’ para comer la Santa Cena:
1 Corintios 5: 7-8
7 Limpiad la levadura vieja para que seáis masa nueva, así como lo sois, sin levadura. Porque aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado. 8 Por tanto, celebremos la fiesta no con la levadura vieja, ni con la levadura de malicia y maldad, sino con panes sin levadura de sinceridad y de verdad.
Los panes sin levadura para las ceremonias de Santa Cena pueden ser conseguidos en muchas librerías Cristianas, pero si no lo encuentran, lo pueden conseguir en las tiendas de panes judíos o puede ser preparado por alguna hermana de la congregación. (07-12-07)
P. Joel Santos M.msp.
Era tarde, Fernando y Mónica platicaban dentro del coche, inquieto y preocupado tomó la palabra: "Sabes, mi amor, conviene que antes de formar nuestro matrimonio platiquemos sobre nuestro pasado para que no sea motivo de pleitos y reclamos en un futuro. Te pido que seas sincera, tú sabes que te amo y nada me va hacer cambiar de opinión, Yo por mi cuenta seré franco". Ella no dudó y con mucha confianza accedió a la petición de su prometido. Hizo una profunda pausa y comenzó a hablar; "Primero quiero decirte que no soy virgen. Antes de conocerte tuve algunas experiencias sexuales con algunas personas, "ella guardó silencio". Él escondió la cabeza en su decepción y dolor. ¡"Créeme que lo hacía porque necesitaba sentirme amada; Sentir que a alguien le importaba"! ¡No tengo mas pasado que éste y me da vergüenza! ¡Pero ahora que te tengo a ti me siento amada, segura, protegida, apreciada! Tú me has devuelto el valor y el sentido de las cosas. ¡Te amo tanto que no estoy dispuesta a renunciar a tu amor, a tus detalles, a tu paciencia!…Conforme continuaba hablando, el pensamiento de Fernando se perdía imaginando a su amada en brazos de otros. Su corazón comenzó a hacerse más humano: a transformar su sentimientos en algo que no lo iba de dejar descansar jamas. ¡Cállate! Interrumpió Fernando: "no quiero escuchar más".
El despido fue frío. Su amor hacia ella comenzaba a transformarse. De regreso a casa la cabeza del joven era toda una confusión. El recuerdo de las palabras le martillaban el corazón. Lo atormentaban, le causaban un dolor que con el tiempo se llegaría a convertir en un odio profundo contra Mónica
Meses después, la vida de Fernando se hundió; la paz de su corazón se disipó: ya nada tenía sentido; la decepción había matado toda esperanza. El amor se había convertido en enemigo del corazón.
Para no volver a sufrir, su corazón amargado y endurecido se prometió no volver a amar. Por más que Fernando luchaba, por perdonar, su corazón permanecía frío, mudo, inaccesible. Por mas que expone su corazón, como una planta friolenta, a las caricias del sol; aunque lo riega con la suave ternura de la lluvia y lo alimenta con una presencia cálida, todo es imposible.
Como a un niño inquieto y corajudo, lo abraza, lo convierte, le cuenta historias de amores que han revivido a la felicidad, pero todo es inútil, su silencio es la respuesta.
Fernando ha luchado contra el odio. A veces siente que su corazón le cree, se abre tímido y temeroso, y asustado vacila entre el deseo de amar de nuevo y la necesidad de proteger su orgullo herido. Después se permite llorar. Aborda su decepción y humillación. El recuerdo es un aguijón que ataca y desaparece. Su corazón ha renunciado a perdonar.
¿Es posible el perdón en nuestro ambiente secularizado? Sí, basta acercarse a algunos hombres que lo han logrado.
El perdón es una necesidad en nuestro tiempo. La imperiosa necesidad que tenemos de él surge del hecho de que nadie está libre de heridas, como consecuencia de frustraciones, decepciones, penas de amor, traiciones… Las dificultadas de vivir en sociedad se encuentran por doquier. Conflictos en las parejas, entre familia, personas divorciadas, patrones y empleados, etc., y todos tienen algún día necesidad de perdonar para establecer la paz y seguridad viviendo juntos.
Para descubrir la plena importancia del perdón en las relaciones humanas, intentemos imaginar cómo sería un mundo sin él.Estaríamos condenados a perpetuar en nosotros mismos y en los demás el daño sufrido.
Cuando lesionan nuestra integridad física, moral o espiritual, algo sustancial que ocurre en nosotros. Una parte de nuestro ser se ve afectada, lastimada, incluso mancillada, como si la maldad del agresor hubiera alcanzado nuestro yo íntimo. Nos sentimos inclinados a imitar a nuestro agresor como si un virus contagioso nos hubiese infectado.
Quién ha sido maltratado determinará no dejarse maltratar más. Estará a la defensiva y todos serán de su desconfianza.
A vivir con el sentimiento.
Vivir irritado, incluso inconscientemente, exige mucha energía y mantiene en una tensión constante. El resentimiento y la hostilidad se instalan de manera estable como actitud defensiva siempre alerta contra cualquier ataque real o imaginario. El odio es una ocupación de tiempo completo.
A permanecer aferrados al pasado.
La persona que no quiere o no puede perdonar, como en el caso de Fernando, difícilmente logra vivir el momento presente. Aferrarse al pasado es la condena a malograr su presente, además de bloquear su futuro.
Ante la incapacidad de perdonar, la vida se paraliza. El recuerdo del pasado vuelve a su antiguo sufrimiento. El momento presente pasa inútilmente, sin felicidad; la posible alegría de las relaciones personales se desvanece. El futuro se cierra y es amenazador.
A desear la venganza.
Una vida sin perdón no ofrece nada gratificaste. La venganza ¿es la solución?.
Se trata, sin duda de la respuesta a la agresión recibida; sin embargo, intentar compensar el propio sufrimiento compartiéndoselo al agresor, a nadie ha hecho feliz. La obsesión revanchismo no contribuye a nada a sanar las heridas del ofendido, por el contrario, la agrava.
Por otra parte, el no vengarse es el primer paso importante y decisivo para emprender el camino del perdón, es el punto de partida de cualquier perdón verdadero.
¿Qué es el odio?
Es en principio una aversión; por lo tanto, es posible odiar cosas y personas. El odio es una cólera disfrazada que supura una herida mal curada; es un resentimiento; es un sinónimo de destruir, de no perdonar; es una pasión que consume a quien lo profesa.
Odiar es lo más sencillo, donde no se necesita maestro; es una ocupación de tiempo completo.
Esta aversión es generada comúnmente por el dolor, la impotencia, el rencor resultante de la violencia, injusticia, la ofensa, la agresión, la mentira, etc.
Toda ofensa provoca confusión y pánico. La apacible armonía de la persona herida se ve trastornada; su tranquilidad perturbada; su integridad interior amenazada. Sus deficiencias personales, hasta entonces escondidas, afloran de reprende; sus ideales, por no decir sus ilusiones de tolerancia y de generosidad se ponen a prueba. La sombra de su personalidad emerge; las emociones, que se creían bien controladas, enloquecen y se desencadenan. Ante esta confusión, la persona se siente impotente y humillada. Su mente es gobernada por el rencor, un verdugo ha entrado en su organismo; su fecilidad se aleja, las relaciones, afectuosas comienzan a agriarse, lo que se amó pasa a formar parte del ayer; Se desvirtúa la imagen de Dios; se reduce la escala de valores en las relaciones sociales; Nacen los deseos de destruir y las viejas heridas mal curadas suman sus voces a una sola voz.
Perdonar no es olvidar.
Cuantas veces hemos oído frases como éstas: "No puedo perdonarte, porque no puedo olvidar", o también "olvidado todo", esta manera de hablar y de actuar es un callejón sin salida para el corazón maltratado.
Si perdonar significa olvidar, ¿qué ocurriría con las personas dotas de una excelente memoria? El perdón les sería inaccesible. Por lo tanto, el proceso del perdón exige una memoria y una conciencia lúcida de las ofensa; si no, no es posible la cirugía del corazón.
La prueba del perdón no es el olvido; el perdón ayuda a la memoria a sanar; la herida poco a poco va cicatrizando; el recuerdo de la ofensa ya no inflige dolor. Una memoria curada se libera y puede emplearse en actividades distintas del recuerdo deprimente de la ofensa.
Las personas que afirman "Perdono pero no olvido", han comprendido que el perdón no exige amnesia.
Perdonar no es sólo un acto de la voluntad.
Algunos ven el perdón como una fórmula mágica apta para corregir todas las ofensas. El perdón lo reducen a un simple acto de la voluntad capaz de resolver todos los conflictos de un modo instantáneo. Muchas personas dicen:
"Cuando me lo proponga lo voy a olvidar todo" "cuando yo lo quiera lo voy a perdonar", "a mí nadie me roba la paz, basta que me lo proponga", etc. Este tipo de perdón es muy superficial. Lo pronuncian los labios pero no el corazón, sirve para calmar la conciencia, la ansiedad, pero no cura de raíz.
Por supuesto que la voluntad representa un papel importante, pero no realiza el trabajo del perdón por sí solo. Para el perdón se movilizan todas las facultades; la sensibilidad, el corazón, la inteligencia, el juicio, la imaginación, la fe, etc.
Perdonar no puede ser una obligación.
El perdón o es libre o no existe,. Es un acto sublime de generosidad. Hay algunos que sienten la gran tentación de obligar a la gente a perdonar libremente: "hay que perdonar", "se debe perdonar a los demás", etc…Pensar así es crear un debate interior entre la voluntad de perdonar contra las reticencias de los sentimientos y las emociones, que también exigen ser escuchados.
Reducir el perdón, como cualquier otra práctica espiritual, a una obligación moral es contraproducente, porque, al hacerlo, el perdón pierde carácter gratuito y espontáneo. Es más eficaz convertir el corazón, hacerlo mas humano, ya que el corazón no miente y es lo más sincero que tenemos.
Las grandes paradojas del perdón .
-Es fácil, pero a menudo inaccesible;
-Disponible, pero con frecuencia olvidado; primero y a veces ultimo para resolver problemas;
-liberador para uno, humillante para el otro;
-esta en todos los labios y, sin embargo, mal comprendido;
-agregado en la razón, pero lejano del corazón;
-vital para los humanos, pero a menudo tímido;
-otorgado al alma y, sin embargo amenazador;
-misterioso y, no obstante, cotidiano;
-tan divino y a la vez tan humano, pero muy doloroso;
-siempre necesario, nunca opcional;
-un sí al amor y un no al odio;
-gloria para algunos, calvario para otros;
-cielo e infierno;
-es poder del humilde y debilidad del soberbio;
-es don de Dios que mendiga los corazones de los hombres.
Como perdonar.
El perdón se integra simultáneamente en dos universos: el humano y el divino; es importante respetar estos dos componentes para articularlos bien, pues, de no hacerlo así, se corre el riesgo de amputar el perdón en uno de sus elementos esenciales. El perdón constituye el único vínculo posible entre los hombres y Dios.
1. El universo divino.
Perdonar significa dar en plenitud; llevar el amor hasta el extremo a ejemplo de nuestro Señor Jesucristo. Para dar este paso se requieren fuerzas espirituales que superen las fuerzas humanas. En el perdón todo es cuestión de amor. Así es, quien verdaderamente ama, ni siquiera tiene que perdonar porque el amor verdadero desconoce el resentimiento. No perdonar equivale a crear un universo sin Dios.
No cabe duda que Dios es el autor intelectual y práctico del perdón, el cual ha convertido este gusto en un don gratuito para todo hombre que quiere forjarse un futuro. Renunciar a la voluntad de perdonar es cerrar mente, corazón y cuerpo a la acción de Dios.
El perdón de Dios se hace discreto, humilde, incluso silencioso. No depende de la sensibilidad ni de la emotividad, sino que emerge desde el ser y del corazón animado por el espíritu. Goza de algo único que no tiene nada en común con el sentimiento.
El perdón es Dios mismo; es el Padre misericordioso del hijo pródigo; es el amor en su pura gratuidad; es el papá que allí donde los hijos engendran muerte, hace surgir la vida con el perdón.
Dios es y será la fuente primera y última del perdón autentico, pero el perdón no acontece sin la cooperación humana.
2.El universo humano.
El perdón se sitúa en el tiempo y tiene sus períodos largos y cortos; implica un antes, un durante y un después.
Perdonar requiere una multitud de condiciones; tiempo paciencia consigo mismo, moderación, prudencia y perseverancia en la decisión de llegar hasta el final.
El perdón comienza con la decisión de no vengarse; "si quieres ser feliz un instante: véngate. Si quieres ser feliz toda la vida: perdona".
El perdón requiere una introspección; una conversión interior, una peregrinación al corazón; una iniciación al amor hacia los enemigos. Perdonar para liberar en uno la fuerza del amor.
El perdón requiere una búsqueda de una visión nueva de las relaciones humanas. El perdón no es el olvido del pasado, sino la posibilidad de un futuro distinto del impuesto por el pasado o por la memoria.
Para perdonar es indispensable seguir creyendo en la dignidad de aquél o aquélla que nos ha herido o traicionado. Las amistades renovadas exigen mas cuidado que las que nunca se han roto.
Perdonar no sólo supone liberarse del peso del dolor, sino también liberar al otro del juicio malintencionado y severo que de él nos hemos formado.
El perdón es liberación. Renueva devuelve la alegría y la libertad a quienes estaban oprimidos pon el peso de la culpabilidad.
Perdonar es un gesto de confianza hacia un ser humano; es un acto de amor hacia el pecador, al que no queremos cerrar definitivamente el futuro.
El perdón es un derecho del corazón herido y de la mente perturbada por el odio.
P. Joel Santos M.msp.
Cuando Pedro le pregunto a N.S. Jesucristo cuantas veces tengo que perdonar le contesto hasta setenta veces siete. (Lo que es lo mismo que siempre)
¡Perdona y serás feliz!.

Si reconocemos que Jesús murió en la cruz y que El es
Dios, ¿Podemos decir que Dios murió en la cruz?
Si, es
correcto decir que Dios murió en la cruz. Pero hay que entender bien para
no caer en el error de pensar que Dios dejó de existir o fué disminuido.
La Iglesia
enseña que "la naturaleza humana de Cristo pertenece propiamente a la
persona divina del Hijo de Dios que la ha asumido. Todo lo que es y hace en
ella pertenece a "uno de la Trinidad" -Catecismo #470
La segunda
persona de la Trinidad asumió la naturaleza humana de manera que todo lo que le
ocurre a Jesús (nacer, sufrir, morir, etc) se le atribuye a su persona que es
divina. Hay una verdadera unión. Así lo enseña el Catecismo:
"...
todo en la humanidad de Jesucristo debe ser atribuido a su persona divina como
a su propio sujeto... no solamente los milagros sino también los sufrimientos y
la misma muerte" Catecismo #468.
Ejemplo:
Jesús nace de María, por lo tanto Dios nació de María. Por eso ella es Madre de
Dios. Sabemos que Dios existe eternamente y no comienza a existir hace 2000
años. Pero si comienza a ser hombre hace 2000 años.
Igualmente
la Iglesia enseña que Jesús murió en la cruz y como la persona de Jesús es
divina, Dios murió en la cruz.
"Oh
Cristo Dios, que por tu muerte has aplastado la muerte" (Tropario, citado
en el Catecismo # 469)
Cuando muere
el hombre decimos que muere la persona. No quiere decir eso que la persona deja
de existir, sino que llega el fin de la vida terrenal. El error está en
equiparar morir con dejar de existir.
Mormones "Iglesia de Jesucristo de los santos del último día"
miércoles, 26 de noviembre de 2014
Posted by Cristhian
Comúnmente se conoce como mormones a los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos del Último Día. A pesar de su explícita referencia a Jesucristo, su doctrina politeísta y su concepción de un proceso evolutivo entre Dios y el hombre se diferencia esencialmente de las creencias de las iglesias cristianas.
Desarrollo histórico
La Iglesia de los Santos del Último Día fue fundada en el estado de Nueva York por Joseph Smith, hijo, en 1830. Según su propio testimonio, Smith, guiado por una revelación del ángel Moroni, encontró y tradujo en 1827 el Libro de Mormón, que constituye el principal texto sagrado de la secta. Este libro contaba cómo las tribus de Israel emigraron a América siglos antes del nacimiento de Cristo y vivieron experiencias semejantes a las narradas en la Biblia.
Habiendo emigrado a Kirtland, Ohio, donde se le unió el predicador Sidney Rigdon, Smith fundó una sociedad de tipo colectivista que se extendió también a Missouri. La instalación de los mormones, con sus peculiaridades y su acantonamiento grupal, provocó la hostilidad de sus vecinos, quienes emplumaron al profeta y destruyeron las propiedades de la comunidad. Sin embargo, a pesar del rechazo exterior, de las rivalidades internas, del incumplimiento de algunas profecías, y de algunos fracasos económicos, los mormones se desarrollaron rápidamente. Expulsados de Missouri, donde Smith había considerado a la ciudad de Independence como la nueva Sión, fundaron en Illinois una nueva ciudad, Nauvoo, cuyo gobierno asumió el mismo Smith. Nuevamente, las rivalidades internas y las hostilidades externas provocaron una intervención militar que terminó con el linchamiento de Smith en junio de 1844.
A la muerte de Smith se produjo la división entre sus seguidores. La mayoría siguió a Brigham Young, quien fundó Salt Lake City, en Utah, en 1846. Young promovió la expansión misionera, principalmente en el Reino Unido y en Escandinavia, y estableció la poligamia en 1852. Sus pretensiones de organizar una autonomía teocrática lo llevaron a un enfrentamiento con el gobierno del presidente James Buchanan; la guerra de Utah, en 1857, significó el fin del dominio mormón en la región. En 1890 la iglesia renunció a la poIigamia.
Una minoría había permanecido en lowa y en Illinois tras la muerte de Smith junto con su primera esposa y su hijo Joseph Smith III. Este grupo fundó en Independence la Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos del Último Día en 1852. Otros grupos se disgregaron igualmente bajo la presidencia de alguno de los primeros discípulos de Smith.
Escrituras sagradas y doctrina
El Libro de Mormón, presentado por Smith en 1830, es la principal obra sagrada. Los mormones aceptan la Biblia, pero en la versión de su fundador, que incorporó sus propias profecías. El libro de las Doctrinas y alianzas (1835) es una selección de las revelaciones a Smith, a las que se añadieron las revelaciones a Young y el decreto de abolición de la poligamia. El Libro de Abraham y el Libro de Moisés, dados a conocer por Smith, han sido reconocidos por los expertos como traducciones de textos funerarios egipcios.
La divergencia esencial entre la doctrina de los mormones y las creencias cristianas consiste, como queda dicho, en su politeísmo, en la concepción de Dios como evolución del hombre y en la creencia en la posibilidad de los hombres de llegar a ser dioses. Cristo habría venido a la Tierra para la salvación de los hombres, pero el futuro de éstos depende de las obras de cada uno. La salvación se produce mediante la fe y la obediencia a la iglesia. La vuelta de Cristo inauguraría la primera resurrección y el milenio de su reinado en la tierra, en el que emprendería la "labor del templo" y se realizaría el bautismo en nombre de los muertos; después se produciría una segunda resurrección.
En sus normas de conducta, los mormones practican cierto rigorismo (prohibición del alcohol, el tabaco, el té y el café) y una ética de trabajo y actividad mercantil, cívica y asistencial, pero al mismo tiempo alientan valores culturales como la educación, el deporte, el baile y otras diversiones. El culto se realiza en parte de modo público, pero también en forma secreta con rituales que Smith tomó de la masonería.
La estructura eclesial combina también el igualitarismo con una estricta jerarquía: un presidente con dos consejeros, el consejo de los doce apóstoles, el consejo de los setenta discípulos (para las misiones), obispos y patriarcas, pero también una conferencia general que queda abierta para todos los mormones.
Las persecuciones, las décadas de poligamia y el bautismo en nombre de los antepasados han afianzado la identidad de los mormones. Su organización religiosa y civil, su disciplina y su laboriosidad han facilitado la difusión y la prosperidad de las comunidades mormonas.