Es importante recordar tambien que el proceso de canonizacion no surge hasta el siglo IX, antes de esto cada diócesis o incluso cada parroquia o monasterio elegía su calendario con bastante facilidad y añadía memorias de su santos locales, tal es el caso de Santa Brígida de Irlanda, celebrada el 1 de Febrero, pero en aquellos lugares donde su figura es importante y tiene gran devoción. Algo parecido podríamos decir, por ejemplo de Santa Mariana de Jesús, amada en América, sobre todo en Ecuador, pero casi desconocida para gran parte del mundo. Por eso su fiesta es una fiesta local, no universal.
El verdadero "problema" es que durante siglos se habian incorporado santos al calendario que, de celebraciones locales o particulares habían pasado a ser celebrados por toda la iglesia y que, a muchas partes del mundo catolico, nada decían. Con la nueva reforma de los años 60 se mantuvieron santos de marcada tradición (San Jorge, por ejemplo) y se añadieron algunos más recientes y de marcada importancia (San Maxilimiliano Kolbe, añadido con Juan Pablo II). Sin embargo, por otra parte, en el año 2005 se ha hecho una nueva revisión y se ha añadido a Santa Rita de Casia, que nunca estuvo oficialmente, y se ha añadido precisamente por esta universalidad de su devoción.
Aún asi, que hayan sido removidos del calendario, no significa que la Iglesia diga "que no existen" o no se puedan celebrar, de hecho, (por citar unos) San Cristóbal o Santa Bárbara se celebran en muchas parroquias, diocesis y ciudades. Sólo han quedado para ser celebrados en los lugares donde la devoción perdure y sean patronos.
Alr. -- ("si no…")
Aplica. -- ("Apostólico/a")
Appatis. -- ("Habiendo sido aprobado")
Archiepus. -- ("Arzobispo")
Aucte. -- ("Por la Autoridad")
Canice. -- ("Canonicamente")
Card. -- ("Cardenal")
Cens. -- ("Censura" – caso ablativo o dativo)
Circumpeone. -- ("Circunspección" – caso ablativo)
Coione. -- ("Comunión" -- caso ablativo)
Confeone. -- ("Confesión" -- caso ablativo)
Consciae. -- ("De [o para] consciencia")
Constbus -- ("Constituciones" -- caso ablativo o dativo)
Discreoni. -- ("A la Discreción")
Dispensao. -- ("Dispensa")
Dnus -- ("Señor")
Ecclae. -- ("De [o para] la Iglesia")
Ecclis. -- ("Eclesiástico")
Effum. -- ("Efecto")
Epus. -- ("Obispo")
Excoe. -- ("Excomunión" -- caso ablativo)
Exit. -- ("Existe")
Fr. -- ("Hermano")
Frum. -- ("De los Hermanos")
Gnalis -- ("General")
Humil. -- ("Humildemente")
Humoi. -- ("De este tipo")
Igr. -- ("Por lo tanto")
Infraptum. -- ("Escrito abajo")
Intropta. -- ("Escrito dentro de")
Irregulte. -- ("Irregularidad" -- caso ablativo)
Lia. -- ("Licencia")
Litma. -- ("Legítima")
Lre. -- ("Letras")
Lte. -- ("Lícito")
Magro. -- ("Maestro" -- caso ablativo o dativo)
Mir. -- ("Misericordiosamente")
Miraone. -- ("Lástima" -- caso ablativo)
Mrimonium. -- ("Matrimonio")
Nultus. -- ("De ningún modo")
Ordinaoni. -- ("Ordenación" -- caso ablativo)
Ordio. -- ("Ordinario" -- caso ablativo o dativo)
Pbr. -- ("Presbítero")
Penia. -- ("Penitencia")
Peniaria. -- ("Penitenciaría"; es decir, Buró de la Penitenciaría Apostólica)
Pntium. -- ("De aquellos presentes", o "Del escrito presente")
Poe. -- ("Ser capaz", o "La habilidad para hacer algo")
Pontus. -- ("Pontificado")
PP. -- ("Papa")
Pr. -- ("Padre")
Pror. -- (Procurador)
Ptur. -- ("Se prefiere")
Ptus. -- ("Antedicho")
Qd. -- ("Porque", "eso", o "el cual")
Qmlbt. -- ("De cualquier manera cualesquiera")
Qtnus. -- ("En cuanto a")
Relione. -- ("Religión", u "Orden Religiosa" -- caso ablativo)
Rlari. -- ("Regular")
Roma. -- ("Romano/a")
Salri. -- ("Salutatorio")
Snia. -- ("Opinión")
Sntae., Stae. -- ("Santa" -- femenino)
Spealer. ("Especialmente")
Spualibus ("En cuestiones espirituales")
Supplioni. ("Suplicación" – caso dat. o abl.)
Thia, Theolia. ("Teología")
Tli. ("Títulos")
Tm. -- ("tanto", o "solamente")
Tn. -- ("Sin embargo")
Venebli -- ("Venerable")
Vrae. -- ("Su", “Vuestro”)
Las procesiones como rito religioso, es decir, como una manifestación de culto público a la divinidad, se encuentra en todos los pueblos y religiones. Como acto de culto se celebraban también en el Antiguo Testamento. La Iglesia ha adaptado e incorporado esa tradición religiosa natural y espontánea al culto cristiano, depurándola y reservándola para algunas ocasiones especiales. En el Código de Derecho canónico se encuentra una especie de definición: 'Bajo el nombre de sagradas procesiones se da a entender las solemnes rogativas que hace el pueblo fiel, conducido por el clero, yendo ordenadamente da un lugar sagrado a otro lugar sagrado, para promover la devoción de los fieles, para conmemorar los beneficios de Dios y darle gracias por ello, o para implorar el auxilio divino' (canon 1290,1)
Las procesiones de los cultos paganos eran, en general, muy frecuentadas. Se daban tanto en las religiones mistéricas, como en las religiones étnico-políticas o nacionales. En el Antiguo Testamento, al menos una docena de salmos hacen referencia a una procesión o peregrinación. También puede ver: 2 Sam 6,1ss y 1 Cro 16 donde se describen solemnes pompas, con cantos de salmos y gran júbilo del pueblo, que celebraban el traslado del Arca, y también 1 Re 8 y 2 Cro 5. Los judíos realizaban procesiones para Pascua, Pentecostés y para la fiesta de los Tabernáculos, y se dirigían a Jerusalén.
En los primeros siglos de la era cristiana fue muy común ver reunidos a los cristianos, aun en tiempo de persecución, para llevar en procesión a los cuerpos de los mártires hasta el lugar de su sepulcro; así lo cuentan las Actas de los martirios de S. Cipriano y de otros muchos. Pronto los fieles comenzaron a acudir en peregrinación a visitar los Lugares Santos: Belén, Jerusalén, etc. (hay testimonios explícitos ya en el s. III) Y también acudían de diversas partes a visitar, en Roma, los sepulcros de S. Pedro y S. Pablo, y los cementerios de los mártires; en Asia Menor, el de Santa Tecla; en Nola, el de S. Félix; y así un sinfín de lugares más. Tras la paz de Constantino surgieron otras formas procesionales. En Roma las procesiones de las 'Estaciones' donde el Papa celebraba la liturgia en las grandes solemnidades. En Jerusalén, la peregrina Eteria habla de cómo toda la comunidad, los días señalados (como el Domingo de Ramos, por ejemplo), marchaban en procesión a uno de los Lugares Santos (Calvario, Monte de los Olivos, etc.) para conmemorar un acontecimiento de la salvación y celebrar después la Eucaristía. Y así hay un sinnúmero de testimonios desde los primeros siglos cristianos de la costumbre de celebrar procesiones.
En la Edad Media continuó la práctica de celebrar procesiones públicas. Los protestantes atacaron fuertemente esta costumbre, por eso el Concilio de Trento aprobó tan laudable costumbre. Después de Trento, los papas han mandado celebrar en diversas ocasiones procesiones públicas.
¿Cual es el Sentido de la Procesión?
En cuanto al sentido y valor de las procesiones hay que tener en cuenta que la Iglesia en esta tierra es un pueblo inmenso que avanza en procesión hacia la Ciudad Eterna, la Jerusalén celestial (Ap 7, 1 - 12). Así, pues, las procesiones tienen el alto significado de anticipar simbólicamente el misterio último de la Iglesia, que es la entrada en el Reino Celestial; las procesiones ponen de manifiesto el gran misterio de la Iglesia en constante peregrinación hacia el cielo. Además de esto, son un acto de culto público a Dios, que al mismo tiempo lleva consigo un carácter de proclamación y manifestación externa y pública de la fe. Y con todo ello ayudan a la oración y a los deseos de mejor (ir hacia adelante). La prohibición de las procesiones ha sido siempre uno de los episodios tristes y característicos de la lucha contra el cristianismo y la Iglesia.
La verdadera revolución en la medicina, la que “profesionalizó” en cierto modo la asistencia médica, vino de manos de los cristianos
Ir a un hospital no es plato del gusto de nadie. Pero son instituciones necesarias, donde se dan a los enfermos las atenciones que en casa no pueden recibir. Como todas las creaciones humanas, tienen un comienzo en la historia.
Parece ser que desde la antigüedad, los templos de los dioses fueron también casas de refugio para enfermos y escuelas de médicos, una profesión entonces que mezclaba lo artesanal y lo mágico. Los templos a Esculapio, el dios griego de la medicina, se usan a este efecto. En India se conocen hospitales desde el siglo III a. C.
Pero la verdadera revolución en la medicina, la que “profesionalizó” en cierto modo la asistencia médica, vino de manos de los cristianos. Como destaca el cirujano catalán Jacint Raventós en su último libro “La evolución de la asistencia en Cataluña”, "La Iglesia fue la primera entidad asistencial pública por su carácter universal e interclasista. Su acción benéfica y caritativa fue imitada gradualmente por la sociedad laica de los señores feudales, de los primeros burgueses ricos y de las comunas o universidades, formadas por la gente menuda, cuyas pequeñas aportaciones fueron también decisivas para la aparición y el mantenimiento de las entidades hospitalarias benéficas”.
Parece ser que santa Elena funda el primer hospital cristiano en Costantinopla, para atender a los peregrinos que iban Jerusalén. Los primeros hospitales están vinculados a los monasterios. Pero pronto se fundan casas hospitalarias bajo la dirección de la Iglesia. En París se funda el Hôtel Dieu por el obispo Landerico en torno al 650. Y en el 717 se funda en Roma el Hospital del “Santo Spirito”, bajo la protección de los papas. En la Edad Media nacen las primeras órdenes hospitalarias militares: la Orden Militar de San Juan de Jerusalén o del Hospital (actual Orden de Malta), nacida en 1048), y de la Orden Teutónica, surgida a finales del siglo XII en favor de los peregrinos alemanes. En Italia surgen en el siglo XV las “Compañías del Divino Amor”. Y en el siglo XVI aparecen las dos grandes órdenes militares: la Orden de san Juan de Dios, y la de los “Camilos”. Durante toda la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco, la casi totalidad de los hospitales es de titularidad eclesiástica. Todavía hoy, el 80 % de los hospitales del Tercer Mundo son de iniciativa cristiana.
¿Qué debe entenderse por profanación de la Eucaristía?
jueves, 22 de enero de 2015
Posted by Cristhian
Responde el P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.
Pregunta:
¿Qué debe entenderse por 'profanación' de la Eucaristía? ¿Cuál es la pena de quien profana el Santísimo Sacramento?
Respuesta:
Estimado:
Queda excomulgado automáticamente no sólo quien 'arroja' o 'retiene' indebidamente hostias consagradas, sino también quien, 'sin sacarlas del sagrario, de la custodia o del altar, las hace objeto de un acto externo, voluntario y grave de desprecio'. En este caso la excomunión no requiere el pronunciamiento del obispo o del tribunal eclesiástico. Lo aclara una nota explicativa que acompaña una respuesta del Consejo pontificio para la interpretación de los textos legislativos, a quien se le había pedido que aclare el canon 1367 del Código de Derecho Canónico.
'Quien arroja por tierra las especies consagradas --dice el Código que regula la vida de la Iglesia católica--, o las lleva o retiene con una finalidad sacrílega, incurre en excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica'. A más de uno le entró la duda de si la excomunión es provocada a causa de la acción de 'arrojar' ('abicere', según el original en latín), en sentido literal, o si más bien se refiere a los actos de desprecio contra la Eucaristía.
La respuesta del arzobispo Julián Herranz, presidente del este organismo vaticano, es clara. Según el Consejo pontificio, hay que entender este canon del Código de Derecho Canónico en su formulación más amplia, de modo que 'cualquier acción voluntaria y gravemente despreciativa se debe considerar incluida' en esa expresión.
El verbo 'arrojar', añade el monseñor Herranz, 'no se debe entender sólo en el sentido estricto de arrojar por tierra, ni tampoco genéricamente en el sentido de profanar, sino en el significado más amplio de despreciar, humillar. Por tanto, comete un grave delito de sacrilegio contra el Cuerpo y la Sangre de Cristo quien se lleva o conserva las sagradas Especies con fin sacrílego (obsceno, supersticioso e impío) y quien sin sacarlas del sagrario, de la custodia o del altar, las hace objeto de un acto externo, voluntario y grave de desprecio. A quien es culpable de este delito es conminada, en la Iglesia latina, la pena de la excomunión 'latae sententiae' (es decir, automática) cuya absolución está reservada a la Santa Sede'.
El arzobispo Herranz recuerda en la nota que la Eucaristía es el centro y la raíz de la vida de la Iglesia. Por eso, 'se comprende el cuidado y el empeño de los pastores de la Iglesia para que este Don inestimable sea profunda y religiosamente amado, tutelado y rodeado de aquel culto que exprese del mejor modo posible a la limitación humana la fe en la Presencia real de Cristo --cuerpo, sangre, alma y divinidad-- bajo las especies eucarísticas, también después de la celebración del Santo Sacrificio'.
Juan Pablo II ordenó la publicación de esta interpretación del Código de Derecho Canónico en una audiencia ofrecida a monseñor Herranz el pasado 3 de julio (Cf, Zenit, 9 de julio de 1999).

Es difícil recordar en que momento aprendí a hacer la Señal de la Cruz, pero desde niño sentí que era algo de un gran significado, mi madre me la hacía al dormir, luego también aprendí que era el rito inicial al salir de casa al iniciar la mañana, y que al pasar frente a la Iglesia, había que hacerla, y cuando asistíamos a Misa, estaba pendiente de los momentos y situaciones en las cual había que repetirla.
Encomendémonos a Dios, es lo que recuerdo que me enseñaban mis padres, y al preguntar por que, porque así le hacíamos encargo a Dios para que nos cuide.
Ponerse en manos del Señor con la señal de la cruz, al comienzo de algo, significa la gracia de la redención que Cristo nos ha adquirido por su cruz, en ella murió Nuestro Señor Jesucristo para alcanzarnos la salvación eterna. Así, la cruz se ha convertido en signo de esperanza.
En efecto, los cristianos comenzamos por la mañana nuestra diaria jornada con nuestra señal de la cruz, todas nuestras oraciones, muchas de nuestras reflexiones son seguidas de la señal de la cruz, persignarse es nuestra acción más significativa, no podemos comenzar ninguna otra oración sin antes hacer la señal, “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”.
Este movimiento de la mano que hacemos como recuerdo en lugar que murió Jesucristo, nos consagra, esto es hacer sagrada nuestra vida, nos da fortaleza, nos permite no caer en la tentación, nos permite salir de las dificultades, nos entrega paz, nos calma.
Entonces santiguarse es la primera oración, la más bella de todo cristiano, la más significativa, en ella reconocemos a la Santísima Trinidad.
Nuestro Señor dijo a los apóstoles. “Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” [Mateo 28:19]
San Pablo nos dice que cualquier cosa que hagamos siempre deberíamos de hacerla en el nombre de Jesús para la Gloria de Dios el Padre. [Colosenses 3:17].
Nuestra Iglesia fundada por Cristo, por tradición ha adoptado la señal de la cruz para que sea hecho como un signo de consagración a Jesús, este signo es usado en todos los Sacramentos, pero es también usado por cualquiera que reconozca a Dios como la Santísima Trinidad que recuerde que Jesús murió por nuestro pecados en la cruz.
Con la señal de cruz nos bendecimos a nosotros mismos cuando comenzamos cualquier cosa en la Presencia de Dios, bendecirnos a nuestras familias, a nuestros hijos, a nuestros hermanos y amigos.
En este signo visible del cristianismo hay mucho poder, el derrota todo mal, en el nos refugiamos, y es una gran bendición cuando lo recibimos al final de la celebración eucarística, del Vicario de Cristo, de un sacerdote, o en la unción.
La señal de la cruz, la utilizamos todos, sacerdotes consagrados y seglares, para todos es un beneficio y todos nos aparamos y nos beneficiamos de ella, solo debe hacerse con el máximo respeto, por que en ella reconocemos la presencia de Dios.
Cada vez que recordemos a Jesús, cada vez que deseemos agradecer a Nuestro Señor sus enseñanzas, su evangelio, su muerte en la cruz para redimirnos, hacemos este sencillo rito, y luego meditamos un instante, y le pedimos a El su protección.
También con esta señal, invocamos la Santísima Trinidad que es el nombre triple y santo de Dios.
No olvidemos hacer esta bendición con meditación y reverencia, puesto que esta es una puerta rápida a la Presencia de Dios.
Usemos la señal de cruz llamando a Dios para que bendiga nuestros trabajos y nuestro que hacer diario.
También es una oración de exorcismo, cuando hacemos la señal de la cruz nosotros atacamos al demonio, el siente temor de la memoria de Jesús el Hijo del Dios vivo quien consiguió su mas grande victoria sobre el pecado y la muerte, y quien le aplasta su cabeza a través de los crueles sufrimientos y el martirio de la cruz.
También al mover las manos sobre nosotros le pedimos a Jesús que entre en nuestro corazón, que nos limpie el alma y destruya y aleje en ella el pecado.
Descubramos la grandeza de esta sencilla y gran oración, que nos invita a hablar con Dios, ella es el inicio de toda conversación con El, la podemos hacer en cualquier circunstancias, especialmente para comenzar a contarle nuestra necesidad de El, nuestras aflicciones, nuestros pesares, nuestras solicitudes de ayuda y amparo.
Sepamos agradecer y reconocer al Señor con esta señal lo que hace por nosotros, lo que hemos logrado con su ayuda.
Elevemos con la señal de la cruz nuestra alma a Dios, a cada petición de alguna necesidad nuestra, la a hacemos con amor y sin ninguna vergüenza.
La señal de la cruz no hace reconocer cuales son nuestra limitaciones y nuestra dependencia de quien venimos, de quien somos y hacia donde vamos, esto es a Dios.
Santiguarse es abandonarse a Dios con toda confianza.
Persignarse es el humilde reconocimiento de que nos ponemos en manos de quien por amor nos dio la vida.
Hagamos de la señal de la cruz un signo de respeto, utilicémosla para pedir lo bueno para nuestra alma, para nuestra salvación, para comunicar nuestro amor al Señor, evitemos utilizarla para un fin distinto. En efecto al persignarnos comenzamos un diálogo con Dios, es elevación y adoración, es un tratamiento amistoso para pedir lo que nos conviene para nuestra paz interior y para nuestra salvación.
Ahora bien, podemos hacer la señal como una oración mental y contemplativa, con total recogimiento de los sentidos y un "silencio interior" a fin de nos permita escuchar mejor a Dios, así de esta forma independiente de la vista lo contemplamos con el alma.
Recibamos de Dios en nuestra alma un sentido recogimiento, una gran paz y sosiego con su presencia cada día al iniciarlo con la señal de la cruz y al ir al descanso nocturno la misma paz, para que nuestros sueños reciban la suavidad y la quietud de dormir en las manos del Señor
En el nombre del Padre, del Hijo y de Espíritu Santo, Amen
A pesar de no aparecer la palabra "purgatorio" en la Sagrada Escritura, la realidad de lo que significa este término está bien expresada en la Biblia, por ejemplo, en 2 Macabeos 12, 41-40. Más aún, es un dogma de fe, es decir, de obligatoria creencia por parte de todo católico. Además, es un regalo de la misericordia grandísima de Dios, y una señal de esperanza, ya que las almas que llegan al Purgatorio ya están salvadas: la única opción posterior que tienen es el Cielo; permanecen allí el tiempo necesario para ser purificadas totalmente antes de entrar a la visión y el disfrute total de Dios en el Cielo. (cfr. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica #1030-1032).
Sin embargo, la purificación en el Purgatorio es "dolorosa". La Biblia nos habla también de "fuego" al referirse a esta etapa de purificación. "La obra de cada uno vendrá a descubrirse. El día del Juicio la dará a conocer ... El fuego probará la obra de cada cual ... se salvará, pero como quien pasa por fuego" (1a. Cor. 2, 13-15).
Están de acuerdo los Teólogos en señalar que tal vez la pena más dolorosa de la etapa de purgatorio sea la tardanza en poder disfrutar de la gloria de Dios. En el momento en que el alma se separa del cuerpo y se desprende de los lazos de la tierra se siente irresistiblemente atraída por el Amor Infinito de Dios. Por consiguiente, el retraso en poder gozar de la "Visión Beatífica" causa un dolor incomparable a cualquier dolor de la tierra. Ha llegado la hora de ver a Dios, pero al no estar debidamente purificada el alma no puede verlo. En la tierra se buscó a sí misma; ahora busca a Dios y no puede encontrarle por el tiempo que tarde su purificación. (cfr. A. Royo Marín, Teología de la Salvación; Garrigou-Lagrange, La Vida Eterna y la profundidad del alma).
Esta purificación de que hablamos es indispensable para poder ver a Dios "cara a cara". Y esta purificación puede sucederse, bien después de la muerte, o bien -total o parcialmente- durante nuestra vida en la tierra. Por eso a veces se oye hablar de "pasar el purgatorio en la tierra".
El paso por la purificación del Purgatorio ha sido obviado por algunos. Los Santos son ejemplos de esta posibilidad de purificación en nuestra vida terrena: ninguno ha llegado a la santidad sin purificarse a través del sufrimiento, la oblación, la entrega absoluta a los planes de Dios ... y algunos, hasta el martirio.
Así, las oportunidades de purificación que nos presenta Dios Nuestro Señor a través de circunstancias dolorosas o adversas en nuestra vida deben verse, no como castigo, sino como lo que son: oportunidades de purificación, para disminuir u obviar el Purgatorio.
Porque ¡es posible llegar al Cielo directamente! Y, además, es deseable obviar el Purgatorio, ya que no es un estado agradable, sino más bien de sufrimiento y dolor, que puede ser corto, pero que puede ser también muy largo.
¿Cómo evitar el Infierno? ¿Cómo evitar, también, el Purgatorio? La receta es clara: buscar la Voluntad de Dios y no la propia, rechazar el pecado, confesar los pecados cometidos en el Sacramento de la Reconciliación, aprovechar las gracias de la Santa Misa y la Eucaristía y, aprovechar las oportunidades de conseguir "indulgencia plenaria", la cual nos borra el tiempo de purificación que tendríamos que pasar en el Purgatorio. Además, es muy importante saber utilizar las posibilidades de purificación que nos presenta el Señor a lo largo de nuestra vida. Los sufrimientos no deben verse como se suelen ver: negativamente; los sufrimientos son gracias de purificación, es decir, oportunidades de purificarnos aquí en la tierra. El sufrimiento, entonces, tiene valor redentor y efecto de purificación. Por eso nos dice San Pedro, el primer Papa:
"Dios nos concedió una herencia que nos está reservada en los Cielos ... Por esto alégrense, aunque por un tiempo quizá sea necesario sufrir varias pruebas. Vuestra fe saldrá de ahí probada, como el oro que pasa por el fuego ... hasta el día de la Revelación de Cristo Jesús, en que alcanzaréis la meta de vuestra fe: la salvación de vuestras almas" (1ª Pedro 1, 3-9).
